Ya todos conoceis mi devoción por esas increiblemente bonitas criaturas que son las águilas y...¡oh casualidad!, se me presentó la oportunidad de ir en un viajecito a Portugal y conocer Marvâo, apodada así: El nido de águilas. La historia y el ingenio humano nos han dejado aquí, en este bello pueblo, el momento de disfrutar de uno de los patrimonios arquitectónicomás hermosos de Portugal.

Situada a 850 m. de altura, sobre las escabrosidades de la Sierra de San Mamede, se levanta esta ciudad fortificada cuyos orígenes se desvanecen en el tiempo. Según las últimas investigaciones parece ser que su nombre actual procede de la denominación musulmana, al atribuirse su fundación al muladí Ibn Marwan, fundador a su vez de la ciudad de Badajoz.
Las diferentes épocas históricas fueron engalanando la fisonomía de este pueblo fortificado que es un museo vivo,donde el tiempo, los estilos y las costumbres han quedado fosilizados. La arquitectura popular alentejana tiene así mismo grabada su huella en la ciudad, adornando bellos rincones con ventanas floridas y típicas chimeneas.
Recorrer sus estrechas calles es una delicia para la vista. Armonía es la palabra para describirla. Sus casas y sus nobles edificios, así como las construcciones religiosas o civiles, forman un conjunto uniforme y muy agradable a los ojos del visitante.
La ciudad está protegida por una muralla que la rodea en su totalidad y en donde, de vez en cuando, se abren baluartes o garitas. Puedes recorrer esta muralla completamente y, rodeando el pueblo, contemplar desde la altura un maravilloso panorama que abarca al Este, España, al Sur y al Oeste, la Sierra de San Mamede, y al Norte, Castelo Branco y las estribaciones de la Sierra de la Estrella. Las garitas abobedadas parecen sostenidas sobre los terribles precipicios como por milagro, colgadas en las alturas.
Marvâo y Badajoz celebran su pasado común. A través de las festividades de Al Mossassa van al encuentro de Ibn Marwan, el fundador de las dos ciudades que, con rebeldía y sed de independencia, luchó para construir una nación en este territorio doce siglos atrás. Desde entonces hasta ahora, cada una siguió su camino: Badajoz se convirtió en la gran ciudad extremeña y Marvâo en una de las villas más hermosas del Alentejo y de Portugal.












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La primera vez que fuí al barrio de Sta. Ana quedé sorprendida y prendada de él. Para mí es, sin dudarlo, el barrio judío de Fregenal. La judería frexnense no cuenta con una localización exacta en el entramado urbano de su casco histórico, pero dan fe de su existencia nombres de calles como "la Cinoja" con clara referencia a la sinagoga.
Me crié y eduqué durante los años de la dictadura franquista. y todos sabemos del poco agrado que el franquismo tenía por el pueblo judío. Cuando alguien se rebelaba contra el régimen nos hablaban de "conspiración judeo-masónica" y otras lindezas.
Por supuesto en nuestros estudios no hemos conocido nada de lo aportado por la cultura judía a nuestro país, que debe ser mucho. ¡Qué gran laguna cultural tenemos! En sesenta años no se estudió nada de ella y lo que se había investigado cayó en el olvido...
Hoy día, gracias a los eruditos, vamos conociendo algo más. R. Caso Amador y J.L. Fornieles Álvarez (2001) han estudiado y fijado el tan debatido origen judío del genial Benito Arias Montano. Así mismo se estudia, y está en el punto de mira de muchos, el origen judío del médico Arceo y del indiano y mercader Alonso de Paz, ambos frexnenses.
El año 1492 no solo fué el del final de la Reconquista y el del Descubrimiento de América, también fué el de la expulsión de una gran cantidad de españoles cuyo único delito imperdonable fué el ser de raza judía. Tras la expulsión y saqueo de las juderías y, en muchos casos, de la destrucción sistemática de toda huella, sin embargo, y a su pesar, no pudo borrarse todo debido a la impronta dejada durante siglos...
Las poblaciones extremeñas contaron con importantes juderías. Entre las mejores identificadas se encuentran las de Hervás y Trujillos. Algunas ciudades llegaron a contar con dos (la nueva y la vieja), como es el caso de Montijo o de Cáceres.








Cuando yo era una niña, (cuanto ha llovido desde entonces), recuerdo que el trofeo era un hermoso gallo y el que lo conseguía lo paseaba con orgullo por toda la feria. Era curioso ver los esfuerzo que hacían los mozos y como resbalaban por el palo frustrados y llenos de grasa el pantalón y la camisa.
Los jóvenes de Higuera la Real de hoy en día se han vuelto más solidarios y han hecho piña en torno a La Cucaña. Resulta que forman, como en Cataluña, un "Castellets" alrededor del palo y, con el esfuerzo de todos, consiguen el trofeo del que darán cuenta en estos días de feria.

Pero bueno...¡Si eso es hacer trampa!...No importa chicos. Estamos en feria. ¡¡Qué lo disfruteis!!
